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¿Cómo ser un Jefe perfecto? 8 Habilidades a tener en cuenta

Publicado el 30/01/2018

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Existen habilidades y comportamientos que son inherentes al propio puesto de empleo. Habilidades que en el caso de un director general conviene no analizar de forma aislada, sino en relación con la influencia que produce en el equipo.

¿Cuáles son las actitudes deseadas en un director general competente y profesional?

¿Cómo te ayudará en una correcta planificación estratégica?

El director general tiene la competencia de definir la dirección de la empresa a través de objetivos específicos para el trabajo en equipo. En su responsabilidad, no solo debe concretar cuáles son las metas expresadas a través de una fórmula temporal, sino que además también debe concretar el cómo. Es decir, el proceso a seguir para llegar hasta ese punto.

Para que exista una colaboración real y un trabajo eficaz por parte del equipo, el director general debe comunicar de forma clara cuáles son las metas de equipo, pero también cuáles son las tareas que debe cumplir de forma individual cada profesional para que cada uno no interfiera en el trabajo del otro.

¿Cómo será el estilo de liderazgo que te aporte este tipo de estudios?

El director general también debe propiciar su capacidad de autoconocimiento para concretar con qué estilo de liderazgo se siente más cómodo. Este estilo de liderazgo no debe determinarse únicamente por el propio carácter, sino también por la eficacia en la conexión con el equipo.

Un estilo de liderazgo democrático propicia la participación de los trabajadores por medio de la aportación de ideas nuevas. Sin embargo, uno de los modelos más influyentes es el liderazgo transformacional, aquel que está orientado a producir un cambio valioso en los demás. Aquel que impulsa a cada empleado a dar su mejor versión a partir de su posición.

El director general conoce los distintos estilos de liderazgo y forma su propio carácter como líder.

Actitud positiva como mentor y mejoría en el trabajo

Un buen director general es aquel que forma a los trabajadores para que puedan evolucionar en el cumplimiento de sus tareas. Por ello, no solo facilita programas de formación específicos para los trabajadores del proyecto (gracias a la colaboración constante con el departamento de Recursos Humanos), sino que también estimula esta evolución por medio de sus propias indicaciones y seguimiento.

Esta actitud positiva como mentor está muy relacionada con el estilo de liderazgo transformacional descrito anteriormente.

El director general, desde su posición, actúa como un mentor para el equipo cuando se convierte en un ejemplo de actitud para los trabajadores. Las actitudes educan incluso más que las palabras.

Serás una persona ecuánime sin dar control a lo que hagas

La actitud de la justicia se muestra a través del poder ético de hacer lo correcto en cada situación, evitando cualquier tipo de favoritismo entre los empleados. La ecuanimidad es fundamental para evitar frustraciones añadidas cuando una decisión produce un cambio positivo en un trabajador y, por el contrario, una ruptura de expectativas en otro.

Por ejemplo, la elección de un candidato para un ascenso. En cualquier situación, es importante tomar decisiones respaldadas en datos y motivos objetivos.

Te ayudará a organizarte con una gestión del tiempo perfecta

El tiempo es un tesoro fundamental en el mundo de los negocios. Un ejemplo de cómo un director general puede propiciar esta optimización de los minutos es por medio de la organización de reuniones de trabajo en las que los horarios de comienzo y de cierre están claramente establecidos de antemano.

Lo mismo se puede decir de la temática de la reunión y los objetivos a tratar. A su vez, el hábito de la puntualidad no solo inspira a los demás, sino que también muestra el poder de la implicación en el trabajo.

Los objetivos que debe cumplir la organización son muchos y el tiempo es limitado. Esta es una de las razones por las que el director general debe economizar los minutos.

Te permitirá delegar como un jefe de prestigio

Delegar no solo es una competencia fundamental de un director general, sino también una responsabilidad, puesto que uno mismo no puede hacerse cargo de todo. Desde este punto de vista, delegar es también una necesidad de salud ante la carga de estrés que generan las expectativas imposibles. Sin embargo, el arte de delegar va más allá de proponer una tarea determinada a una persona.

El director general delega en la persona adecuada, es decir, elige a aquella que es capaz de gestionar esa tarea. También preocupa por formar a otras para que puedan asumir esas competencias en el futuro. Detrás de este gesto, existe una planificación previa del negocio.

El acto de delegar es un actitud de humildad por parte de un director general, que solo llega a cumplir esta competencia cuando no duda de la capacidad de un empleado de realizar esa tarea tan bien como él mismo.

Se premiará el esfuerzo y dará motivación en la empresa

Existen muchas fórmulas que van más allá del plano económico para reconocer el esfuerzo de los trabajadores sin recurrir a un aumento de sueldo. Por ejemplo, dos horas libres después de un proyecto muy importante llevado a término con buenos resultados.

Pero, en esencia, la forma de reconocimiento más eficaz, aquella que produce un reconocimiento en la autoestima y la valía personal de los trabajadores, es el refuerzo positivo por medio de la palabra. Es conveniente que el director general adopte la misma visión de equipo en los triunfos y en los fracasos.

Ambas situaciones se asumen de forma grupal.

Jefe pragmático para resolver cuestiones empresariales importantes 

Una de las habilidades más importantes y deseadas en el ámbito de la empresa es la mentalidad práctica que permite a un director general tomar decisiones priorizando el aspecto práctico y resolutivo.

Gracias a esta mentalidad pragmática, el director toma decisiones desde el realismo de la situación presente, el conocimiento de los recursos disponibles y la elección de la mejor alternativa. Esta mentalidad no es incompatible con el idealismo, sin embargo, esta actitud resolutiva acota esas expectativas a la realidad del momento presente. El director general se centra en el aquí y en el ahora.

El optimismo es un ingrediente muy valorado en un emprendedor, sin embargo, el optimismo realista es aquel que queda enmarcado en el plano de cómo son las cosas en realidad. Y esta visión solo nace del pragmatismo.

Por tanto, estas son las ocho cualidades positivas que debe tener un director general que, desde su posición, influye en los demás.

Fuentes de información relevante:

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